AMELIA

 



Durante la emisión de un programa de radio una mujer llamó a la emisora para contar lo mal que lo estaba pasando debido a su soledad y tremenda pobreza. Por lo que dijo, la radio era su gran compañía, especialmente ese programa que dedican a los noctámbulos y donde se crea un clima de confidencialidad e incluso de solidaridad y humanidad.

Enseguida los oyentes, en el tono con el que hablan los que están despiertos en la noche, comenzaron a llamar a la emisora para contar sus cuitas.

Amelia también se decidió a llamar a la radio para revelar que esa misma era su situación, que apenas le quedaba un poco de pan en la despensa, pero que sin embargo confiaba en que Dios la proveería de alguna manera.

Un oyente descreído y rico que la escuchó pidió a su secretaria que le llevase a Amelia varias cestas de comida y que le dijese que eran de parte del diablo.

La secretaria llevó las cestas y Amelia muy agradecida comenzó a hacer paquetes para repartir con sus vecinos, que eran tan pobres como ella. La secretaria le dijo entonces:

-Aunque ha agradecido efusivamente todos estos presentes me extraña que no me haya preguntado quien se los envía.

Amelia le sonrió y le dijo:
-No importa quien, pues cuando Dios da una orden hasta el diablo obedece.

***

Imagen: La Modelo Amelia (1890), de Vicente Palmaroli González, pintor de Zarzalejo, Madrid.


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