miércoles, 31 de octubre de 2018

BOECIO. "La Consolación de la Filosofía"



Como otros filósofos romanos, Boecio tomó parte activa en la política de su tiempo, lo que le llevó, ya anciano, a su caída e incluso a la muerte. Sin embargo su principal inquietud fue preservar las fuentes del saber y la herencia cultural antigua tras la desaparición del Imperio Romano de Occidente. 

Mientras aguardaba su ejecución escribió un libro memorable La Consolación de la Filosofía, en cinco capítulos, una obra que lo ha mantenido vivo a lo largo de los siglos, siendo un texto capital de nuestra literatura tradicional o sapiencial.  Platón, Cicerón, Séneca, los estoicos y neoplatónicos, san Agustín, todos quedaron convocados en aquella asamblea carcelaria, sobreviviendo el pensamiento de todos ellos amparados en la Sagrada Filosofía que les unía en verdadera hermandad intelectual. 

En aquella prisión, y entre las lágrimas que constantemente empañaban su rostro, Boecio nos da cuenta de su congoja y cómo en ese trance, asistido por sus desgarradas Musas que nunca perdieron el ánimo, entona tristes versos. 

Sumido en la desolación estaba cuando recibe la visita de una majestuosa dama que le hace comprender que su aflicción verdaderamente radica en haber olvidado el verdadero fin del hombre. Dice Boecio:

"Yo que en mi ardor juvenil compuse inspirados versos, cuando todo a mi alrededor parecía sonreírme, hoy me veo sumido en el llanto, y ¡triste de mí!, sólo puedo entonar estrofas de dolor. 
Escribo, mientras el llanto baña mi rostro al eco del tono elegíaco de mis Musas. Ellas,  que siempre fueron la compañía de mis caminos, recuerdo gratísimo de mi florida y fecunda juventud, vienen ahora a dulcificar los destinos de mi abatida vejez que la desgracia la ha precipitado, y cargada de males se ha cernido sobre mí a la mitad del camino de mi vida, canas prematuras cubren mi cabeza

(…) ¡Oh, cuán larga se me hace una vida tan tediosa!

Mientras en silencio me agitaban estos sombríos pensamientos lanzando mi llanto a través de mi pluma, parecióme que sobre mi cabeza se erguía la figura de una mujer de sereno y majestuoso rostro, de ojos de fuego, penetrantes como jamás los viera en ser humano, de color sonrosado, llena de vida, de inagotables energías, a pesar de que sus muchos años daban a entender que no pertenecía a nuestra generación. Su estatura, imprecisa, pues una vez adquiría el tamaño de la figura humana, y otras se elevaba hasta dar su frente con el mismo cielo en el que desaparecía de la vista de los hombres.

Su vestido de un material inalterable, estaba compuesto de finísimos hilos, y realizado con exquisito primor. Ella misma lo había tejido con sus manos, según más adelante me hizo saber. La estampa que ofrecía era como aquellas que se ven en la penumbra, difuminadas, envuelta en una tenue sombra y con aquella pátina propia de lo antiguo. En la parte inferior de su vestido veíase bordada la letra griega pi (práctica), y en lo más alto, la letra thau (teoría)  y enlazando las dos letras había unas franjas que, a modo de peldaños de una escalera, permitían ascender desde aquel símbolo inferior al superior.

No obstante, se veía en el vestido algún desgarro hecho por violentas manos  que habían arrancado de él cuantos pedazos les fuera posible llevarse entre los dedos. La mayestática figura llevaba unos libros en su mano derecha, y el cetro en la izquierda.
(…) No temas, me dijo. No hay peligro, sufres un letargo, enfermedad común en todos los desengañados.

Pero no es ahora tiempo de lamentos —dijo la mujer aparecida—, sino de poner el remedio.Intentaré disipar, poco a poco, las tinieblas de tu alma.

Dicho esto enjugó mis ojos bañados por las lágrimas con un pliegue de su vestido.Así, pues, volví mis ojos para fijarme en ella, y vi que no era otra sino mi antigua nodriza, la que desde mi juventud me había recibido en su casa, la misma Filosofía.

¿Y cómo —le dije— tú, maestra de todas las virtudes, has abandonado las alturas donde moras en el cielo, para venir a esta soledad de mi destierro? ¿Acaso para ser también, como yo, perseguida por acusaciones sin fundamento?

¿Podría yo —me respondió— dejarte solo a ti que eres mi hijo, sin participar en tus dolores, sin ayudarte a llevar la carga que la envidia por odio de mi nombre ha acumulado sobre tus débiles hombros?

No, la Filosofía no podía consentir quedara solo en su camino el inocente; ¿iba yo a temer ser acusada?; ¿iba yo a temblar de espanto, como si hubiera de suceder lo nunca visto? ¿Crees que sea ésta la primera vez que una sociedad depravada pone a prueba la sabiduría? ¿Acaso entre los antiguos, anteriores a la época de mi discípulo Platón, no he tenido que sostener duros combates contra los desatinados ataques de los necios?

Y viviendo Platón, ¿no quedó triunfante su maestro Sócrates, gracias a mi asistencia, de una muerte injusta? Luego, la turba de los epicúreos (...)  y sucesivamente las demás escuelas y sectas, cada cual según sus medios, han intentado asaltar mis dominios; y al arrastrarme, a pesar de mis clamores y de mis esfuerzos, para no quedarse sin su parte de botín han destrozado la vestidura que por mis propias manos me tejiera, y llevándose jirones han abandonado la lucha, imaginando que me habían hecho suya.
Entonces, al verlos vestidos con los despojos de mi ropaje la ignorancia los juzgó mis familiares e hizo caer en el error a muchos de los profanos.

Si acaso desconoces el exilio de Anaxágoras, el envenenamiento de Sócrates, las torturas de Zenón, porque ninguna de estas cosas acaeció en vuestro pueblo, al menos no has podido olvidar a los Canio, los Séneca, los Sorano, pues están en la memoria de todos y no ha pasado mucho tiempo desde ellos hasta vosotros.

Y lo que a éstos condujo a la ruina fue el haber sido formados en nuestra doctrina, razón por la cual jamás se mostraron conformes con el gusto e inclinaciones de los malvados.

Por ello no tienes que admirarte al ver que en el océano de la vida sintamos las sacudidas de furiosas tempestades, ya que nuestro gran destino es no agradar a los peores. Aun cuando los tales sean legión, merecen, sin embargo, nuestro desprecio, pues, acéfalos, sin guía quien los dirija, son arrastrados por el error de sus locuras, que los hacen divagar desordenadamente y sin rumbo.

Si un día pretendieran entablar combate, y envalentonados se lanzaran contra nosotros, entonces nuestra guía, la razón, replegará sus tropas a las fortalezas, y al enemigo no le quedará sino un despreciable botín que apresar.

A nosotros, defendidos de los ataques de la horda furiosa por trincheras infranqueables para el vulgo insensato, nos inspirará risa y desprecio verlo a nuestros pies, disputándose encarnizadamente cosas sin valor".

Notas
1.- Hemos seguido la Traducción de Pablo Masa, Ediciones Perdidas, y la de Pedro Rodríguez, Alianza Editorial.
2.-La imagen es un aguafuerte y buril representando a la Filosofía tal y como la concibió Boecio. José Camarón Bonanat (1731-1803), la dibujó y Manuel Peleguer (1759-1831), la gravó. 

martes, 18 de septiembre de 2018

TEXTOS DE LA TRADICIÓN UNÁNIME



Con la publicación de Defensa de Sócrates y Los Misterios de Mitra, comienza una nueva colección monográfica: Textos de la Tradición Unánime, auspiciada por LA MEMORIA DE CALÍOPE. Como su nombre indica dichos Textos tratarán de aquellos temas que manifiestan la presencia de una Tradición Unánime en todo tiempo y lugar, y que es inseparable de la Sabiduría, “artífice de todas las cosas” en palabras de Salomón. La Sabiduría siempre ha cristalizado en una Ciencia Sagrada, en una Cosmogonía, que le ha dado forma inteligible, y tangible a través del Arte, para que pudiera ser comprendida y asimilada por el hombre, su receptor. 

Es precisamente la recepción de la Sabiduría en el corazón del ser humano lo que ha hecho posible que esa Tradición Unánime esté en el origen y haya prohijado la formidable diversidad de civilizaciones, culturas y corrientes de pensamiento que, a su vez, la han manifestado, iluminando y dando un sentido trascendente a nuestro tránsito por este mundo.

Por eso, y a pesar de las diferencias entre las distintas formas tradicionales hay entre ellas una identidad esencial y un origen común, que es lo que nos interesa destacar, y que las entroncan entre sí, como lo evidencia la existencia de unos códigos simbólicos fundamentales y unos principios metafísicos que constituyen la fuente de la que han extraído su concepción del mundo. Esa es nuestra herencia espiritual, nuestro verdadero tesoro, el que hemos recibido nosotros, los hijos del fin de ciclo, en su gran mayoría sin saberlo, por lo que el hecho de tomar conciencia de ello es quizá el mayor acto revolucionario que podamos hacer en nuestra vida, y con nuestra vida.

La Tradición Unánime contiene en su seno a todas las tradiciones. De hecho constituye la Unidad metafísica, que se expresa a través del Cosmos y de la Historia. Es el Sanatana Dharma como diría René Guénon, que supo ver perfectamente la primordialidad de una Tradición Única cuyo origen es supra-humano y supra-cósmico, pues emana directamente de los Principios Metafísicos.

Por eso, al investigar en una tradición particular a través de sus símbolos, ritos y mitos, del arte y la ciencia de su cosmogonía, estaremos reconociendo en dicha tradición, sea esta la que fuese (la hermética, la masónica, la hindú, la cristiana, la judía, la budista, el zen-budismo, la islámica, las distintas vías iniciáticas y corrientes de pensamiento esotérico, las formas de la tradición precolombina todavía vivas, las culturas sin tradición escrita que perviven en distintos lugares de la tierra, sin excluir todos aquellos pueblos y civilizaciones que ya no existen como tales pero que han dejado su precioso legado a través de sus textos sagrados y sapienciales, sus artes, su filosofía, etc.), la presencia intangible de esa Tradición Única, aunque múltiple en sus manifestaciones históricas. Las culturas tradicionales son como los radios de una rueda: cada uno es distinto pero todos nacen y convergen en el centro inmutable de la misma.

Cada contribución a estos “Textos” será también, en su medida, como uno de esos radios, pues los temas que se tratarán, aun siendo distintos convergerán sin embargo en un mismo fin: “entregar” lo que previamente se ha “recibido”, participando así de una “cadena áurea” o “hilo de oro” que atraviesa los siglos, o ciclos, conectando el corazón del hombre con el “Corazón del Mundo”. Obviamente, aquellos que Federico González denominó en cierta ocasión “ahorristas de corazón” no tienen cabida en el espacio de estos Textos. [1]

La Sabiduría está viva, como su hermana la Inteligencia, pese a que todo en nuestra sociedad parece estar “diseñado” para negarlas o simplemente ignorarlas. Somos muy conscientes de que esa negación con respecto a todo lo que se refiere al Espíritu (que nada tiene que ver con lo “espiritualista”, dicho sea de paso) es uno de los “signos” que mejor definen la naturaleza de nuestro tiempo.

Hoy son más necesarias que nunca las voces que atestigüen la realidad de una Sabiduría Perenne, pero investidas del ánimo y del espíritu de un Sócrates o de un Platón, solo interesados en la justicia y la verdad de las cosas, o del luminoso Mitra, hijo del Sol Arquetípico, o de Minerva, diosa sabia y guerrera nacida de la mente de Júpiter, la cual, armada con su lanza-eje, combate contra quienes, títeres en manos del Adversario, siembran la oscuridad y la división en el mundo.

El ser humano es el objeto y el sujeto del Conocimiento, y esto implica vivir esa aventura hasta el “fondo”, experimentando que realmente “conocer es ser” y que “uno es lo que conoce” dicho en palabras nuevamente de Federico González, cuya obra, junto a la de René Guénon, confirma esa presencia de la Tradición Unánime en nuestro tiempo, evitando su desaparición del horizonte humano. Vincit Omnia Veritas.

Nota:

[1] O quienes simplemente se acercan al Conocimiento como un mero “juego intelectual” sin más, muy “brillante” e incluso “estético”, caso de los “amigos del misterio” o “de lo oculto”. También los “schuonianos” y semejantes, los que confunden la devoción y el dogmatismo religioso, o un imposible “misticismo iniciático”, con la certeza diamantina y la libertad interior que proporciona el conocimiento metafísico.

Obtener PDF Defensa de Sócrates 

https://memoriadecaliope.blogspot.com/2018/07/defensa-de-socrates.html

Obtener PDF  Los Misterios de Mitra


miércoles, 22 de agosto de 2018

Acerca de los Misterios de Isis y Osiris


El pueblo egipcio, a lo largo de su historia, estuvo profundamente interesado en la idea de la muerte y en la vida de ultratumba, lo cual desembocó en una abundante literatura funeraria que hay que conocer, aunque sea someramente para valorar el conocido como “Libro de los Muertos”, aunque su auténtico nombre es "Libro del Amanecer a un Nuevo Día", donde se recogen las peticiones y súplicas que los difuntos llevaban consigo en su viaje post-mortem, ya que entre los egipcios de los tiempos más antiguos existía la firme creencia en una vida ultra terrena.

En realidad es esta una creencia compartida con los babilonios, fenicios, etruscos, íberos y en realidad en todos pueblos y civilizaciones de la Antigüedad, y todo ello se constata, por ejemplo, cuando observamos la presencia de ajuares en las tumbas.

Desde los tiempos más remotos las ideas egipcias relacionadas con el más allá se vincularon con los ritos agrarios, y más específicamente con la diosa madre y con Osiris, es decir con un hombre que muere, e integrado en la tierra, renace como dios para luego ser aquel intermediario que enseñó a los egipcios tanto la agricultura como las leyes para regular su cultura, comenzando por la creación de la familia.

Osiris, como hombre, se desmiembra en la tumba mientras su akh, su espíritu, se eleva y se incorpora al resto de dioses del panteón egipcio. El ritual iniciático de este culto recoge que es Isis quien logra recomponer al cuerpo de Osiris, que se había dirigido en súplica a Ra, el dios creador, el cual atendió su demanda. Y esto se refleja en que entre la II y V Dinastías, Ra, como dios solar, queda integrado en el desarrollo del culto a Osiris.

Tal y como lo narra Plutarco en su tratado sobre Isis y Osiris, dicho ritual se centra en el momento en que Isis, "ayudada por Thot y Anubis, vuelve a Osiris a la vida”. En este sentido debemos recordar de nuevo que:

“Los egipcios llamaron Thot a la entidad iniciadora que transmitió las enseñanzas eternas a sus hierofantes, alquimistas, matemáticos y constructores, que con el auxilio de complejos rituales cosmogónicos emprendieron la aventura de atravesar las aguas que conducen a la patria de los inmortales”[1].

Para los egipcios Osiris era el faraón fallecido y Horus el nuevo faraón.
En cuanto a Anubis, debemos vincularlo tanto con Horus como con Isis, pues se le ha considerado hijo de esta y Osiris. Anubis tiene por misión ayudar a Thot a pesar las almas que pretenden pasar al otro lado del río de la vida. Sobre este asunto nos dice Federico González:

“Debe tenerse cuidado en ir muy liviano a la muerte pues en uno de los platillos de la balanza de esta ceremonia post-mortem había una pluma”[2].

Uno de esos textos sagrados resume estos misterios. Dice así:

“Si vivo, como si muero, yo soy Osiris. Penetro en ti reaparezco a través de ti; desfallezco en ti…, los dioses viven en mí, porque yo vivo y crezco en el grano que sustenta. Yo cubro la tierra; si vivo, como si muero, soy cebada; no se me puede destruir. Yo he penetrado el orden…He sido señor del orden y emerjo en el orden”.
Mª Ángeles Díaz
***
[1] La cita es de Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha, de Federico González y colaboradores. Revista Symbolos Nº 25-26, acápite "Tradición Hermética". PDF con el Programa, en Internet.

[2] Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. También en Internet y Amazon.

[3] La imagen de arriba es uno de los dibujos que Champollion realizó de los jeroglíficos que encontró en sus visitas a las tumbas egipcias.

viernes, 20 de julio de 2018

Séneca. “De la Providencia”

Filósofos conversando ante un templo y junto a una estatua de Atenea


Del mismo modo que tantos ríos y tan grande cantidad de lluvias no cambian el sabor del mar y ni siquiera lo modifican, así el ímpetu de las cosas adversas no subvierte el ánimo del hombre fuerte: éste permanece en su estado y todo cuanto sucede lo tiñe con su propio color, pues es más poderoso que todas las realidades externas. Y no digo que no las sienta, sino que las supera. Calmo y tranquilo, enfrenta sus embates.


Ver lo que Federico González Frías escribe de Lucio Anneo, Séneca ( 4 a. C - 65 d. C),  en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos
http://diccionariodesimbolos.com/seneca.htm#diccionario

viernes, 6 de julio de 2018

LA TRANSMUTACIÓN DE LA PIEDRA BRUTA (I)

El trabajo en la Masonería consiste en desbastar y perfeccionar la “piedra bruta”, que es el símbolo del aprendiz, mientras que la piedra “cúbica” pertenece al compañero, y la “piedra cúbica en punta” al maestro. Esta sucesiva mutación de la piedra simbólica, análoga a la transmutación alquímica, indica tres momentos claves del trabajo masónico, o iniciático sin más.

Ya hablamos en su momento de la piedra bruta como un símbolo de la firmeza e inmutabilidad del Espíritu. Sin embargo, y como los símbolos se prestan muchas veces a un doble sentido, en la Masonería ­que no olvidemos procede de una tradición de constructores­, y sin perder totalmente esa significación de firmeza, la piedra bruta deviene más bien un símbolo del caos pre­cósmico, y en cierto modo puede verse como una imagen del mundo profano, de donde el aprendiz procede y que tiene que superar en su intento de ir de las “tinieblas a la luz”.

En este contexto simbólico, las asperezas y aristas de la piedra bruta representan las deformaciones del alma humana sometida a las influencias egóticas e ilusiones mentales de todo tipo, las cuales suponen un obstáculo en la evolución espiritual. Se impone, pues, una ascesis purificadora que, al mismo tiempo que lime las asperezas de la piedra bruta de la conciencia, de lugar a un desarrollo ordenado de las posibilidades superiores en ella incluidas, y que en tanto no se manifiesten permanecen en estado embrionario y latente.



Cuadro de Aprendiz

En la iniciación masónica los primeros trabajos del Aprendiz se llevan a cabo con el Mazo y el Cincel, herramientas que respectivamente simbolizan la fuerza de la voluntad y la facultad de la inteligencia, o rigor intelectual, el cual distingue, separa y determina lo que en el ser es permanente y coesencial a su naturaleza (aquello que ese ser “es” en sí mismo), de lo que constituye sus añadidos superfluos y exteriores. En lenguaje masónico esta acción ritual y clarificadora recibe el nombre de “despojamiento de los metales”, que en el fondo es idéntico a lo que en Alquimia se denomina “separar lo espeso de lo sutil”, es decir lo profano de lo sagrado.

Entendida de esta manera, la voluntad es ese fuego sutil que generado por la acción iluminadora de la influencia espiritual, promueve en el hombre el amor o la pasión por el Conocimiento, siendo en este sentido que los términos querer, creer, y crear son exactamente lo mismo. Empero, y a fin de que no se disperse, esa fuerza interior ha de estar bien dirigida por una recta intención, o rigor intelectual, que la encauce y concentre en vista a la comprensión, no sólo teórica sino efectiva, de los principios universales, expresados en el cuerpo simbólico de la Orden Masónica.

Sólo así, conjugando en un acto único, que deviene ritual y permanente porque se ha “incorporado” a la naturaleza del ser, la fuerza de la voluntad (una forma del amor) y el rigor de la inteligencia, la “materia caótica”, o “materia prima”, irá siendo pacientemente tallada, hasta que el aprendiz, intuyendo la Belleza o “forma” ideal oculta en esa materia informe, se “eleve” a un grado superior de su jerarquía interna, es decir, “ascienda” a Compañero.

Como su nombre indica, compañero es el que “comparte su pan”, su alimento espiritual-intelectual, con todos aquellos que, como él, están siendo iniciados en los “secretos y misterios de la Masonería”, que son los misterios de la Cosmogonía, revelados fundamentalmente a través de los “útiles” simbólicos de este grado y del conocimiento de las siete Artes Liberales. (Continuará). Francisco Ariza

sábado, 23 de junio de 2018

MUSAS EN LA FUENTE CASTALIA, LA FUENTE DE LA MEMORIA



La Fuente Castalia se encuentra en la ladera meridional del monte Parnaso, en Delfos. Data de principios del siglo VI a. C., y milagrosamente su manantial continúa sin agotarse ni perder el frescor sus cristalinas aguas. Pues estas siguen corriendo alegres hasta un recoveco rocoso donde, según cuenta la tradición, se reunían las Musas con Apolo. Estas aguas tuvieron propiedades alucinógenas, pues el monte en sí mismo desprende vapores que pueden facilitar la apertura de la conciencia de quien los exhala. A estas diosas, y a las aguas de la memoria que simbolizan, Proclo les dedica las siguientes palabras que lo dicen todo respecto a lo que significa la adhesión a estas entidades luminosas. La Memoria de Calíope.

HIMNO A LAS MUSAS, DE PROCLO
Cantemos la luz que lleva por el camino del retorno a los hombres; Glorifiquemos las nueve hijas del gran Zeus, 
De luminosas voces; 
Cantemos a estas vírgenes que, 
Por la virtud de las puras iniciaciones que Provienen de los libros, despertadores de inteligencia, 
Arrancan de los dolorosos sufrimientos de la tierra, 
A las almas que erran en el fondo de los pozos de la vida, Enseñándolas a ocuparse con celo, 
De buscar y seguir un camino sobre las corrientes, 
Y profundas olas del olvido, 
Y de retornar, puras, al astro paterno, 
Hacia este astro del cual un día ellas se apartaron 
Cuando, enloquecidas por el deseo, de los groseros 
Bienes de la materia, cayeron en el áspero mundo de la generación. Y en cuanto a vosotras, oh Diosas, 
Apaciguad el impetuoso impulso que me impulsa al delirio, 
¡Y haced que las inteligentes palabras me transporten a un santo éxtasis! 
Que la raza de los hombres que sólo sienten miedo hacia Dios 
No me aparte de los caminos divinos, 
¡Deslumbrantes y llenos de luminosos frutos! 
De lo profundo del caos, 
Perdida por el devenir en mil caminos errados, 
Atraed a mi alma que busca sin cesar la pura luz; 
Y, llenándola de vuestras gracias, 
Que poseen el poder de aumentar la inteligencia, 
Dadle la gracia de poseer para siempre el glorioso privilegio 
De pronunciar con facilidad las elocuentes palabras 
¡Que seducen los corazones!

Imagen del frontispicio: Techo del Salón de los Espejos. Gran Teatro del Liceo, Barcelona.




miércoles, 20 de junio de 2018

Templo de Mitra reproducido en el Museo de Cabra (Córdoba).


Tres secuencias de la grabación dentro del Mitreo, o templo de Mitra, que está reproducido en el museo de Cabra (Córdoba), donde eran celebrados los misterios de su iniciación. 




Aquí dejamos la dirección a una lista de reproducción en nuestro canal en youtube, donde hemos subido los 11 vídeos de esta serie sobre los Misterios de Mitra.

sábado, 16 de junio de 2018

“Bhagavad Gita”, texto sapiencial de la Tradición Hindú.





El  Bhagavad Gita (El Canto del Señor) es uno de los textos más importantes de la Tradición Hindú, y por tanto uno de los libros sagrados de la humanidad, es decir de la Tradición Universal y Unánime, aunque con una simbología propia y característica de su cosmovisión,  tan rica y exuberante, donde el color constituye la nota dominante. Es por tanto un tesoro que tiene su origen en la metafísica brahmánica, expuesta en los Vedas y los Upanishad.

Está escrito en forma de un diálogo entre maestro y discípulo. El primero no es otro que Krishna, representación de la divinidad. El segundo es Arjuna, noble guerrero que se ve desalentado y confundido al tenerse que enfrentar a sus propios parientes en una batalla, forma épica de referirse a la eterna búsqueda del hombre por conseguir la paz interior.

El Bhagavad Gita pertenece a la gran epopeya del Mahabarata, y es un texto pensado sobre todo para los guerreros, o khatriyas, que junto a los brahmanes, o sacerdotes, y los vaishas, artesanos, constituyeron durante milenios los pilares sobre los que se sostuvo la gran civilización hindú. Brahmanes, Khatriyas y Vaishas, son los “dos veces nacidos”, expresión que se atribuye a quienes por la disposición de su naturaleza interior están cualificados para recibir la iniciación a lo sagrado.


En sucesivas notas iremos poniendo algunos  fragmentos del Bhagavad Gita. La Memoria de Calíope

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Carro de Arjuna dirigiéndose a la batalla que debe librar consigo mismo

viernes, 15 de junio de 2018

UN SÍMBOLO DEL FIN DE CICLO: EL "HOMO DEUS" TECNOLÓGICO Y SUS FALSOS PROFETAS (III PARTE Y ÚLTIMA)

Durante la conferencia de Francisco Ariza en la Biblioteca Arús de Barcelona. mayo 2018

LA CORRUPCIÓN DE LOS MEJORES Y LA “UNIÓN EN EL ARCA”
Debido a que no pudimos terminar por falta de tiempo la conferencia impartida en la Biblioteca Arús sobre el “homo deus” y sus falsos profetas, hemos utilizado un marco distinto para dar punto y final a nuestro discurso, donde en un momento dado dijimos que según las leyes cíclicas en los últimos tiempos acontecerá lo peor y lo mejor de nuestra humanidad actual. Por eso precisamente hemos querido titular esta última parte “La corrupción de los mejores y la unión en el arca”, pues consideramos que estas dos expresiones reflejan perfectamente lo que queremos decir acerca de lo peor y lo mejor del ciclo.
Nuestra humanidad actual está a punto de finalizar su periodo cíclico, estimado en 65000 años según los datos de la Ciclología tradicional. Pero a ella le sucederá “otra humanidad” que nada tiene que ver con esa supuesta transhumanidad o posthumanidad promovida por la inteligencia artificial, que como hemos dicho en varias ocasiones es más bien un “signo” entre otros de que estamos efectivamente en el final de un ciclo que afecta a la humanidad entera. Ha habido otras humanidades anteriores a la nuestra, y habrá otras después, que desarrollaran sus posibilidades hasta agotarlas, que es exactamente lo que le está pasando a nuestra humanidad y al medio cósmico en que ella se ha manifestado y sigue manifestándose, medio que participa igualmente de ese “agotamiento”. San Juan Evangelista ya lo dice en el libro de la “Revelación”, o Apocalipsis, al referirse al nuevo ciclo cósmico y humano: “vi un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21).
En este punto nos preguntamos lo siguiente: ¿no hemos de ver también en el transhumanismo una parodia de la auténtica “nueva humanidad”, que existirá no en éste sino en el futuro Manvantara? Esa parodia sería una más de las múltiples “fantasías” de los profetas tecnológicos, que están convencidos de inaugurar un nuevo tiempo, una “nueva era” que nada tendrá que ver con la anterior, al igual que la humanidad que la habite nada tendrá que ver con nuestra humanidad actual. Sin embargo, y como en tantas otras cosas, esos falsos profetas se equivocan por completo, pues en realidad esa “nueva era” se corresponde con el último período de la “Era zodiacal” de Piscis, la cual coincide no por casualidad con el fin del Kali-yuga, la “Edad Oscura”, y por tanto de todo el Manvántara”.
Es decir, que lejos de haber entrado como muchos creen en la “Era de Acuario” –signo de aire no lo olvidemos, y que “inaugurará” el siguiente Manvantara- nosotros continuamos estando en la “Era de Piscis”, la de los Peces, que naturalmente se asocian con las aguas, con lo “líquido”, lo que caracteriza también a la sociedad de la “aldea global” como hemos señalado en varias oportunidades. Las aguas son regeneradoras y fecundantes, pero también en ellas anidan los “gérmenes” de la putrefacción, la descomposición y en definitiva la disolución. Al comienzo de un ciclo civilizador, en su “época fundacional” podríamos decir, se manifiestan los aspectos más luminosos de la era Zodiacal, mientras que es al final de ese mismo ciclo cuando aparecen los aspectos más inferiores y oscuros, relacionados, en el caso de la era de Piscis, con las caóticas aguas del psiquismo cósmico y humano.
El concepto de “masa”, de “muchedumbre”, de “colectivismo” ha nacido en nuestro tiempo, el del “reino de la cantidad” y por tanto de la “multiplicidad”. Lo “cuantitativo” en todos sus aspectos se ha impuesto en detrimento de la “calidad”, de lo cualitativo, de lo que pertenece a la esencia de las cosas y los seres, a su “ley interna” en concordancia con la Ley divina o Dharma. Por eso mismo esas aguas son también las aguas del “olvido”, pues el objetivo de esas energías disolventes es borrarnos la memoria de nuestro verdadero origen, sustituyéndolo por el “homo deus” y su inteligencia artificial, grotesca parodia del verdadero ser humano, esa “admirable maravilla” de la que habla Pico de la Mirándola en su famoso “Discurso sobre la Dignidad del Hombre”.
Son pues las posibilidades de la presente humanidad pertenecientes al mundo inferior –y es indudable desde nuestro punto de vista que dentro de esas “posibilidades inferiores” está el “pensamiento” del transhumanismo- las que deben agotarse al final del presente ciclo, si bien, y como señala muy oportunamente a este respecto Bruno Hapel en su artículo “El Fin de un Manvantara” aparecido hace varios años en “Antología de Textos Herméticos” perteneciente a “Symbolos”, ese mismo agotamiento también se extiende a aquellas posibilidades del mundo intermediario y sutil que se “oponen”, afirma este autor, a “la unión en el arca”. Brupo Hapel lo explica de esta manera:
En el marco de un fin de Manvántara, la humanidad dedica así toda su fuerza a este agotamiento de las posibilidades. Aunque estas últimas sean en su aplastante mayoría de naturaleza antitradicional, y hasta contra-iniciática, se olvida que una parte de esas posibilidades son de naturaleza tradicional e iniciática. En efecto, parece no comprenderse que el germen no concernirá más que a la humanidad futura y que así la acción tradicional en el final de un Manvántara debe agotar todas las posibilidades tradicionales que no se reabsorberán en el germen del Manvántara futuro.
Puede decirse pues que lo que "se separa" es lo que se agota, luego todo lo que se agota se separa. La Tradición realiza entonces este agotamiento de los aspectos que tienden hacia una materialización y un formalismo cada vez más acentuados. (…) La Tradición, en un fin de Manvántara, debe enfrentarse a la descualificación, continuamente creciente, de sus miembros.
Leyendo estas palabras viene a nuestra memoria aquel antiguo proverbio latino que reza: Corruptio Optimi Pessima: "La corrupción de los mejores es lo peor". En efecto, aquellos que por la disposición de su espíritu han recibido la voz del Nous, es decir del Intelecto, y la han guardado en su mente y en su corazón como una semilla que germina perennemente, haciendo de ella el “centro de su vida”, tienen una enorme responsabilidad en este fin de ciclo, pues son los destinados a conformar los gérmenes del “ciclo futuro” -el “siglo de la vida venturosa” de que se habla en la tradición cristiana.
Pero se dice que en el fin de los tiempos hasta los escogidos para entrar en el arca pueden ser “seducidos” por el “príncipe de este mundo”, llamado no por casualidad “el príncipe de la mentira”, es decir de todo lo que no es verdadero, sino “apariencia” de verdad, una imitación, un simulacro, una “falsificación”, o la “mezcla” de lo verdadero y lo falso, que es una forma de la mentira, siendo esto una característica propia del “adversario” de lo humano, pero no del Espíritu, pues este no tiene adversario alguno. Todos estos términos definen la naturaleza del medio profano en que vivimos, y con el que no se puede ser cómplice a menos que colaboremos también en la “separatividad” y la “división”, y no en la “unión en el arca”.
La “caída en la ciénaga” de que se habla en algunas tradiciones, es un peligro que no desaparece hasta que el ser haya superado el “nivel de las aguas inferiores”, o sea el plano de Yetsirah del Árbol de la Vida, que es muy amplio ya que constituye el laberinto de la psique, un mundo de “reflejos” y de “espejismos”, de maravillosas intuiciones o presagios de “un mundo otro”, pero también de confusiones entre lo psíquico y lo espiritual que dejan al ser en un estado de “caos” del que solo puede salir llegando al centro de ese laberinto, que es el centro de su alma, que de tener una forma sería la de un arca, también la de una copa, o la de un corazón, que acogen la “quintaesencia” del estado humano, dicho esto en sentido totalmente alquímico, “quintaesencia” en nada distinta de la Unidad del Ser universal.
El arca de que estamos hablando es un recipiente hecho para conservar un contenido que es de naturaleza sapiencial y metafísica, pues esta palabra procede de “arqué”, el principio, de donde también deriva “arcano”, que se refiere a todo cuanto es “secreto” o “misterio” por su propia naturaleza. Es decir que los gérmenes depositados en el arca son de carácter espiritual e inseparables del “Principio”. Esta es la razón de por qué el Arca, navegando por encima de las aguas, se simboliza por la mitad inferior de una circunferencia, pero “cerrada, nos dice René Guénon, por su diámetro horizontal, en cuyo interior se contiene el punto en que se sintetizan todos los gérmenes en estado de completo repliegue”.
En consecuencia los gérmenes que se depositan en el arca simbólica constituye la “quintaesencia” del ciclo que termina, sintetizados en ese “punto”. Por eso, este mismo autor, Bruno Hapel, nos recuerda que el germen es lo “que queda” después de haberse agotado todo cuanto debía agotarse. Pero, como decimos, lo “que queda” es el germen del “ciclo futuro”, donde florecerá la nueva humanidad de un nuevo Manvantara, hecho que es descrito simbólicamente como el “descenso” de la “Jerusalén Celeste”, que será el Paraíso de esa nueva humanidad. Si nuestra humanidad primordial habitó en un Jardín, de ahí toda su simbólica vegetal, la humanidad primordial del nuevo Manvantara habitará en una Ciudad, de forma cuadrada y construida de piedras preciosas, pero manteniendo en su centro también el Árbol de la Vida, o Eje del Mundo. El tesoro oculto y escondido será sacado a la luz y la oscuridad no prevalecerá más sobre ella.
La aceleración de nuestro tiempo tiene que ver con esa energía de la gravedad que nos arrastra “hacia abajo”, pero hemos de darnos cuenta que en realidad esa energía forma parte de un eje polarizado, cuyo centro está en nuestro corazón, y es ahí, precisamente, donde seremos absorbidos, o “aspirados”, por otro tipo de energía mucho más sutil que invertirá el sentido de esa “caída” y conducirá hacia el polo superior, el polo celeste. Pero esa “reinversión”, o “enderezamiento” como diría René Guénon, dependerá de nosotros, de nuestra “recta intención”, que es nuestro “eje interno”, la dirección del cual puede “tender” hacia el polo inferior y la disolución, o hacia el superior, donde también seremos “disueltos” pero en este caso en la Unidad indiferenciada, en la cual no hay acepción de personas. Decía el Maestro Eckhard que en la Unidad se está “fundido, pero no confundido”. El ser que se “funde” en la Unidad metafísica vive la epifanía de la liberación de todo condicionamiento, pues como dice Juan Evangelista: solo “la verdad os hará libres”. Francisco Ariza

martes, 12 de junio de 2018

La Memoria de Calíope. Resumen Gráfico Primer Aniversario


Resumen gráfico de los temas y actividades promovidas desde La Memoria de Calíope
Un espacio dedicado al Arte y la Cultura como vías de Conocimiento.


Gracias a todos los que nos habéis acompañado